martes, 5 de enero de 2010

Sali de la cama despacio y en silencio, intentando no despertarte. Cerré la puerta de la habitación detras de mi e iluminada por la luz del parque y el brillo reflejado en la nieve, me senté arriba de una mesita, del lado de adentro del vidrio, a esuchar la voz de Tom Waits susurrando en mi oído y fumar. Mirando el frio, la capa de hielo en las veredas, la ausencia de gente en ese ángulo de visión, en una ciudad que promete nunca dormir pero que apachuchada por el frio se queda en silencio ante pedidos ridiculos.
Otra vez con la ropa hecha un bollo adentro de varias maletas invisibles, al lado de una puerta imaginaria. Siempre lista para partir en el próximo vuelo, siempre arriba de un nuevo taxi. Y siempre, siempre es otro hombre; con otro nombre.