Me tomé la dósis y sigo sin dormirme. Esta vez es mi culpa, esa copa de vino de más, talvez. O no. Mi mente acelerada por un encuentro latente que genera una falsa expectativa. Me estoy engañando, ya sé como termina lo de mañana que en verdad ya es hoy. Lo cierto es el que sueño nunca llega y antes del refuerzo químico, abrí la laptop y me puse a escribir de nuevo.
Bueno, otra media Quetiapina, un poco más de Clonazepam, tengo que poder dormir.
Estoy buscando un destinatario y no lo encuentro, me disperso. O lo tengo claro y lo evado. Parezco Sam Shepard. Pienso en el desierto, el tren, la carretera, la tierra fina, el cuento de la muchacha descalza. Yo también soy esa, pienso. Sigo buscando un destinatario al cual decirle que perdí mi libertad, mi autonomía, que la entregué cuando intenté perder la vida creyendo que había luchado demasiado. Me dejé hundir. Decirle al polvo que se lleva el viento que le sigo perteneciendo, a pesar de todo. Insomnio. Destinatario. Mi carta es cocaína consumida por un autómata. Me pierdo en su tabique de platino. Él no duerme nunca pero sabe que hoy tripliqué la dósis y sigo sin dormirme.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
viernes, 27 de mayo de 2011
El vacío es un espacio entre el filo de tu mandíbula y el blando de las yemas de mis dedos. Es un roce, la chispa de la fricción atascada. El vacío no es el silencio, no es la falta de palabras, es el sonido de la respiración que no encuentra pausa. Me entrego, quiero dejarme caer, creo que no necesito ejecutar sino simplemente esperar. No ocurre y quiero llorar, olvidar, recomenzar.
El vacío a tu lado me mira con mis ojos.
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