domingo, 2 de mayo de 2010

Si hubiera tenido las fuerzas suficientes hubiera corrido esa noche todo lo lejos que no puedo hoy. Estoy débil y ya no soy una niña. Me desconcierto cuando busco energías y voy a rastras tratando de encontrar algo nuevo, algo mejor, ideas o palabras que me ayuden a llegar.
La distancia es tan relativa, mi amor.
Cuando estamos juntos conectados por el hilo invisible de la conciencia culposa no veo las sombras y a oscuras te acaricio la cara y me voy dejando llevar por la música. Ingenuamente, mis preguntas se desvanecen en el aire que separa tu boca de la mía.
En un sueño químico fabrico recuerdos de un futuro inexistente e intangible. Grito desgarrada por un dolor real y pendulante. Me aferro al vacío que me rodea; con las manos cubiertas de nada.


miércoles, 10 de febrero de 2010

La imagen se va haciendo lentamente mas y mas borrosa. Escribo de nuevo en mi cuaderno azul que tengo que obligarme a aprender, a recordar mis errores y empeñarme en mejorar dia a dia.
Me siento y nos miro, nos escucho reir en una constante repetitiva y vacía. Pero tu sonrisa, la mirada timida que busca el piso sin sentido y se levanta incisiva sobre mis ojos. Es en ese momento que creo identificar mi necesidad. Esa fracción de segundo en la que no pensamos que el alrededor existía. Ese instante de no preocupación que consigo arrancarte antes que los escalones de madera te vuelvan a llevar un piso mas abajo y entre barandas de bronce sucias te desvanezcas sonriendo en silencio.
Es un tonto papel, otro correo electrónico que no tiene que ser necesariamente leído. Una excusa nueva que voy a inventar para entrar en la constante.
Dejo entrar el vapor del deseo que se cuela debajo de las puertas, el aire condensado de los suspiros de calores imaginados, de las fantasías atrapadas y moribundas y siento el vidrio sobre la punta de mi nariz. El frio de tu pecera.
Tengo que dar media vuelta y seguir caminando sin mirar hacia atras. El círculo tiene que volver a empezar. Mi cuaderno azul. Yo se que tengo que mejorar. Es hora de aprender.

martes, 5 de enero de 2010

Sali de la cama despacio y en silencio, intentando no despertarte. Cerré la puerta de la habitación detras de mi e iluminada por la luz del parque y el brillo reflejado en la nieve, me senté arriba de una mesita, del lado de adentro del vidrio, a esuchar la voz de Tom Waits susurrando en mi oído y fumar. Mirando el frio, la capa de hielo en las veredas, la ausencia de gente en ese ángulo de visión, en una ciudad que promete nunca dormir pero que apachuchada por el frio se queda en silencio ante pedidos ridiculos.
Otra vez con la ropa hecha un bollo adentro de varias maletas invisibles, al lado de una puerta imaginaria. Siempre lista para partir en el próximo vuelo, siempre arriba de un nuevo taxi. Y siempre, siempre es otro hombre; con otro nombre.